10 de agosto de 2020

OVACIÓN TORERA

  

En otras cosas no, pero en gestión de crisis es indudable que los actuales dirigentes que pilotan la nave española están a la cabeza del mundo. Sabiendo lo que sabían, cuando ya del tema se conocían los datos oficiales desde Enero de 2020 y para el día del evento las cifras de afectados eran alarmantes, los dirigentes antepusieron sus cálculos políticos a cualquier otro, incluyendo las vidas de los indefensos gobernados. 
 
El 8-3-2020 fue la fecha fatídica en que salieron a la calle decenas de miles de manifestantes en todas las principales ciudades españolas, siendo Madrid el epicentro, con todas las gobernantas en primera línea, vociferando con especial gozo y vigor sus estentóreos griteríos, y por lo tanto, esparciendo con denodada insistencia las más que posibles cadenas de ADN/ARN que portaban, y que donaron gratuitamente al pueblo de Madrid. 
 
 Por una casualidad nada desdeñable, la capital se convirtió más tarde en el cortijo principal de las susodichas cadenas, con las consecuencias que todos conocimos poco tiempo después, y que convirtió Madrid en un infierno y a España en la subcampeona mundial de la movida más estremecedora de los últimos tiempos. Y para más INRI, el jefe del desaguisado recibe una ovación torera de su cuadrilla, después de reunirse todos juntitos, y bien juntitos, en un desayuno en Moncloa. Todos protegidos menos una, la de siempre, la que le gusta ser la novia en la boda, la más bella en el baile o la muerta en el entierro. 
 
Esto no debería quedar así. Quien la hace, la paga, dice el refrán, y aunque todos los poderes fácticos y no fácticos apoyen a los maleantes, es un ejercicio de higiene democrática, de decencia política y moral, que algún fiscal y/o algún juez tomaran cartas en el asunto, una vez que la pesadilla haya terminado, si es que lo hace. No se pueden marchar de rositas. ¿O sí? 
 

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